Era un día corriente para ir al cine, como es tradición. El reloj marcaba las 5 de la tarde y lo menos que pensaba era en todo lo que me esperaba en aquel lugar. La función era a las 8pm y a eso de las 5:30pm estaba haciendo la cola junto a un amigo para comprar el boleto. Llegamos temprano por si se presentaba un inconveniente, entrar a tiempo a la película. Luego de hacer la cola y lidiar con la mala atención, nos disponíamos a comprar las cotufas, otra larga cola de aproximadamente 30 minutos. Mientras se hacía la hora de la función esperamos en las mesas.
Faltaban 10 minutos para las 8, entramos a la sala y proyectaron los comerciales respectivos. Todos en la sala hablaban, y yo supuse que era porque la película no había comenzado aún. Pero no fue así, a esa multitud escandalosa se fueron uniendo otros personajes, para nada agradables. Las personas que se acercaron a ver esa película era una más insufrible que otra.
Como todo amante del séptimo arte, lo que quieres es apreciar esa producción sin interrupciones, pero en el cine te puedes encontrar con personas que seguramente no tienen la misma cultura a la hora de apreciar un rodaje. Eran las 8:15pm, la película estaba comenzando, y paralelo a eso se fueron incorporando los personajes de mi tragedia. Empezando por aquel que entró a la sala y no paraba de hablar por teléfono, y por más que intentaba concentrarme, su tono de voz era tan alto que se me hacía inevitable ignorar su conversación. Atrás de mi, estaba un grupo de adolescentes aun más insoportables que el que hablaba por celular.
Imagen modificada digitalmente
Si, ese grupo era la tortura en vida, pateaban el asiento y no paraban de reírse entre sus comentarios banales, tomando en cuenta que la película no era ningún tipo de comedia (era ciencia ficción por cierto). A los 15 minutos no podían faltar los que llegan tarde a la película, hacen ruido buscando dónde sentarse, con sus bandejas llenas de perros calientes y tequeños, o sea, los que van a “jartar” dícese del verbo utilizado para aquellas personas que lo que hacen es a comer. Yo decía, para eso existen las ferias de comida o restaurantes ¿No?
Transcurría la película, los de al lado parecían ser personas agradables, con la misma cultura que tengo a la hora de ir al cine, hasta que comenzaron a surgir los efectos especiales. No paraban de gritar “qué mojón”, (si así tal cual) haciendo referencia a lo irreal que eran las escenas. El punto es: ¿Notaron que la película es Ciencia Ficción? Ganas no me faltaron de hacerles saber que son efectos producidos con distintas herramientas y programas, por lo tanto no son cosas que ves en la vida real.
La escena detonante de la película ya había pasado, iban en total 45 minutos dentro de ese purgatorio. No voy a dejar de mencionar, esos que fueron a darse amor, abrazados y regalándose besos durante toda la película. A ellos les digo que se vayan a cualquier plaza o se reúnan en un lugar adecuado, si su objetivo no es disfrutar del rodaje. De esas personas que lo que provoca es preguntarles al final ¿De qué trataba la película? Y ver sus caras o escuchar la respuesta que darían.
Casi las 10 de la noche y terminó la función. Retorno a mi casa y así concluye este día, con una mala experiencia, en fin, una visita más al cine. Si usted mientras leía lo que hizo fue mandarme a ver películas en mi casa por parecer amargada o quejona, le digo lo siguiente: Lo que uno espera como cinéfilo, es ver la película libre de interrupciones. Se supone que al cine se va es a ver películas. Es de mi preferencia ir a estos lugares por aquello de que la pantalla es grande, en un ambiente oscuro, sonido profesional y evidentemente se aprecian mejor los detalles, más si se trata de Ciencia Ficción, que contiene muchos efectos especiales y no se aprecian de la misma forma que en el televisor de tu casa.
El detalle es, el deber ser, pues no todos van con esa perspectiva al cine. En esta visita sólo logré obtener algunas clasificaciones de “los insufribles en una sala de cine”. Es contradictorio que existiendo videos que se proyectan antes de comenzar te dicen “Apaga el celular o ponlo en silencio” y todavía queden tantas personas que vean su teléfono como el protagonista del rodaje, y ahora con el blackberry la cosa es peor.
Esto fue una simple crónica de una visita al cine y como a mi, seguro a muchos les ha pasado. El que es cinéfilo de verdad me entenderá. No por esto dejaré de ir al cine, lo veo más bien como una rueda de la fortuna, que te marca los acompañantes, siempre variantes, unos buenos otros malos, pero el arte de apreciar otro arte, como lo es el cine, siempre será una tradición para los que disfrutamos de las historias que allí se proyectan.

el universo de personajes que visitan las salas… el circo interno o mejor dicho la película paralela jajaja
el cineee siempre lleno de tantas anécdotas jajaja cada personaje revuelto en una sala
todo un universo paralelooo XD